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Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

No es lo mismo

No, no es lo mismo psiquiatría que psicología; no es lo mismo el trabajo que tiene que llevar a cabo un psiquiatra que el trabajo que desarrolla un psicólogo; no, no son las mismas las funciones que desempeñan uno y otro profesional de la salud mental así que, vamos a aclarar algunos aspectos que, por norma general, están algo confusos y nos hacen solicitar en ocasiones una atención profesional que no es la más adecuada.
En primer lugar, el psiquiatra es un profesional de la medicina; hasta aquí, creo que todos lo tenemos claro pero ¿qué quiere decir esto? Quiere decir que es médico y, como tal, su labor fundamental consiste en diagnosticar y tratar el diagnóstico con tratamiento farmacológico. Sé que es resumir demasiado pero, para tener las ideas claras, vamos a ir a lo esencial de cada uno de estos profesionales.

Siendo así, el psicólogo se forma en una licenciatura (actualmente, grado) de ciencias, sí, pero no de medicina, por lo que no podemos prescribir medicación. Nuestra tarea podríamos concretarla en el diagnóstico y tratamiento terapéutico, el cual consiste en distintos tipos de terapias entre las que no se encuentra la farmacológica, que es competencia exclusiva del psiquiatra.

No obstante, en ocasiones, la formación que cada uno pueda tener resulta complementaria al trabajo del otro. Es decir, un psicólogo puede tener formación en psicofarmacología y, por lo tanto, puede orientar o asesorar al paciente sobre tipos de medicamentos que podrían resultarle de utilidad, pero sólo para que lo consulte con su médico o psiquiatra. Normalmente, es conveniente que el psicólogo sí esté formado en este aspecto porque así, además, podrá conocer los posibles efectos secundarios y los resultados esperados de cada fármaco, cuestiones que pueden resultar fundamentales en el diseño de la intervención y en los resultados que se pueden esperar de la misma. Pero esta formación sigue sin permitirnos la opción de poder recetar dichos fármacos.

Y lo mismo sucede con el psiquiatra. Puede haber ampliado sus conocimientos con formación en terapia no farmacológica, es decir, terapia psicológica, pero esto no quiere decir que pueda llevarla a cabo con sus pacientes. Debería servirle para conocer algo más sobre la posible evolución de la persona que hace uso de ambos profesionales de la salud e, incluso, puede complementar de algún modo esa terapia igual que el psicólogo complementa con su trabajo el efecto de la medicación sobre el paciente.

Pero esto no quiere decir que un psiquiatra pueda llevar a cabo terapia psicológica con sus pacientes. Y el error, en muchas ocasiones, parte del propio paciente, que no del psiquiatra, cuando llega a la consulta de este profesional y espera obtener lo que debería ofrecerle el psicólogo.

El psiquiatra sí debe escuchar porque, si no, difícilmente comprenderá a su paciente y, por tanto, difícilmente podrá diagnosticar o adecuar el tratamiento a las necesidades que este presenta. Pero el psiquiatra no tiene por qué orientar, guiar, asesorar,… a la persona que tiene delante más allá de lo referente a la farmacología o a la posible conveniencia e, incluso, necesidad de acudir a un psicólogo para que la evolución del paciente sea real.

Por último, creo que, a la hora de cuidar nuestra salud mental, debemos ser un poco más exigentes con nosotros mismos. Habitualmente, cuando tenemos un problema, acudimos al médico para que nos recete la pastilla de turno y así olvidarnos cuanto antes de ese humor bajo, de los nervios que no nos dejan dormir,… pero no son pocas las problemáticas que podrían resolverse sin necesidad de fármacos si acudiéramos al psicólogo y fuésemos capaces de esforzarnos en seguir las pautas que nos marca el profesional.

Esto es realmente lo más efectivo porque nos permite abordar los problemas para que dejen de serlo, mientras que la medicación lo único que consigue es eliminar los síntomas, pero seguimos sin saber qué hacer con aquello que nos causa la ansiedad, la depresión o cualquier otro problema de salud mental.

Es cierto que hay situaciones que exigen la prescripción de tratamiento farmacológico y, para estos casos, soy de las que aboga con total convicción por una coordinación y labor conjunta de psiquiatras y psicólogos (lo contrario me parece absurdo y ya no digamos de esa especie de competición de existe entre ambos tipos de profesionales más a menudo de lo deseable).

Lo único que quiero es dejar claro que cada problema tiene su solución y que todos hemos de ser lo más honestos posibles: los profesionales ejerciendo cada uno nuestra parcela de trabajo y los pacientes haciendo uso del recurso sanitario que más les conviene, no del más fácil y rápido, a la par que engañoso (en ocasiones). Espero haber conseguido mi objetivo. Hasta la próxima semana!!

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