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Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

Esquizofrenia

Hace unos días, leí una sorprendente noticia relativa al conocimiento que se tiene en nuestro país acerca de algunos aspectos de la salud mental. En concreto, se trataba de un estudio sobre lo que conoce nuestra sociedad acerca de trastornos mentales como la esquizofrenia y el trastorno bipolar y en el que quedaba patente la ausencia de información correcta y concreta sobre este tipo de trastornos. Por ello, me he propuesto hablaros hoy sobre el primero de ellos, la esquizofrenia, para, la próxima semana, acercaros un poco a la realidad del segundo, el trastorno bipolar.

Trataré de acercar los términos más técnicos de la psicología y la psiquiatría al lenguaje más común, para que podamos comprender mejor la realidad de quien padece esquizofrenia.

Por ello, comienzo definiendo el término psicótico, puesto que este trastorno se incluye entre los que los profesionales denominamos psicosis y, cuando hablamos de ellos, estamos refiriéndonos a aquellos trastornos psicológicos en los que la persona presenta delirios y alucinaciones, entre otros posibles síntomas.

Lógicamente, de aquí deriva la necesidad de definir también los términos delirios y alucinaciones. Sobre los delirios, podemos decir que son creencias o pensamientos que deben cumplir varios requisitos: ser ideas firmemente sostenidas pero con fundamentos lógicos inadecuados, ser incorregibles con la experiencia o la demostración de su imposibilidad y ser inadecuados para el contexto natural del sujeto que los sostiene. Existen distintos tipos de delirio o ideas delirantes, normalmente clasificadas en función del tema sobre el que versan, pero tampoco es objeto de este post hacer un tratado de psicología por lo que con lo indicado anteriormente deberíamos tener una idea más o menos clara sobre su concepto.

En cuanto a las alucinaciones, las podemos definir como percepciones que la persona vive como reales, pero que no lo son; es decir, el sujeto puede oír, ver, saborear, oler,€Ś cosas que no existen realmente en ese momento en que afirma percibirlas. En este caso, existen tantos tipos de alucinaciones como modalidades sensoriales.

Una vez aclarados ambos conceptos, podemos definir la esquizofrenia como una alteraciones que persiste durante al menos seis meses y que incluye por lo menos un mes de síntomas de la fase activa, entre los que encontramos ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado (por ejemplo, incoherencia), comportamiento gravemente desorganizado y síntomas negativos como el aplanamiento afectivo, abulia (disminución de la motivación), alogia (limitación en la fluidez y productividad del habla), etc.

Durante una parte significativa del tiempo desde el inicio de la alteración, dos o más áreas importantes de actividad están claramente por debajo del nivel previo al inicio del trastorno, es decir, merma significativamente la capacidad de continuar con normalidad en esferas de la vida como el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado de uno mismo, por ejemplo.

Además de ello, tenemos que existen diversos subtipos de esquizofrenia, entre las que vamos a destacar los siguientes:

− Tipo paranoide. Su característica principal es la presencia de claras ideas delirantes o alucinaciones auditivas en personas que conservan relativamente su capacidad cognitiva y afectiva.

− Tipo desorganizado. En este caso, estamos ante un tipo de esquizofrenia en el que predominan el lenguaje desorganizado, el comportamiento también desorganizado y una afectividad aplanada o inapropiada.

− Tipo catatónico. En este último subtipo de esquizofrenia, hablamos de una marcada alteración psicomotora que puede incluir inmovilidad, actividad motora excesiva, negativismo extremo, mutismo, adopción de posturas raras o inapropiadas,€Ś

En todos los casos, la intervención suele requerir tratamiento farmacológico y siempre resulta adecuado seguir una terapia psicológica, se tome o no medicación.

Estamos ante un trastorno de la salud mental de largo recorrido. La edad media de inicio suele experimentarse en la mitad de la tercera década de la vida en los varones y al final de esa década en las mujeres. Y su curso es muy variable pero, posiblemente, estamos ante un trastorno que no termina de desaparecer a lo largo de la vida del paciente, aunque también es cierto que hay personas en las que se cronifica, mientras que hay muchos otros sujetos que, con el tratamiento adecuado, llevan una vida total o prácticamente normal.

Un último apunte que voy a realizar tiene que ver con la genética. El hecho de tener familiares que hayan padecido esquizofrenia no asegura que nosotros vayamos a desarrollarla pero sí existe un mayor índice de probabilidad, sobre todo, cuando el trastorno ha sido padecido por familiares de primer grado, ya que sus descendientes directos tienen una probabilidad diez veces mayor de desarrollar esquizofrenia. No obstante lo anterior, los factores ambientales, el estilo de vida,€Ś también tienen un gran papel en el posible origen de este trastorno.

Espero haber contribuido a aclarar algunas ideas en torno a la esquizofrenia y, si aún tenéis dudas, recordad que podéis contactar conmigo en info@algazarapsicologia.es.

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