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Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

ÂżHasta cuándo durará esa rabieta?

Ese es el título de un estupendo libro para padres de niños pequeños ÂżHasta cuándo durará esa rabieta? Cómo calmarlos sin ponerse nervioso de Christine Brunet y Nadia Benlakhel, de la Editorial De Vecchi, aconsejable para todos aquellos que tenéis en casa un peque que hace uso de este €œcruel pero efectivo€ método para salirse con la suya. Una lectura amena y recomendable. Aunque a continuación veremos también algunos consejos y aspectos importantes para conseguir el manejo de estas situaciones. 

Primero conviene aclarar de qué hablamos cuando hacemos referencia a las rabietas. Lógicamente, antes del primer año de vida no se puede hablar de rabietas ya que aún no se han desarrollado lo suficiente en ninguno de los niveles como para considerar que un llanto desproporcionado, por ejemplo, puede suponer una rabieta.

 A partir de ese momento, por simplificar las ideas, podemos afirmar que nuestro hijo tiene una rabieta cuando, por motivos que ahora veremos, chilla, llora, patalea,€Ś de forma descontrolada, escandalosa desde el punto de vista del adulto (y del niño muchas veces también, y él lo sabe). Se llegan a tirar al suelo, tiran las cosas que tienen a su alcance e, incluso, pueden pegar en un gesto de total rabia y frustración.

 Pero Âżpor qué puede suceder esto? Existen varios motivos por los que un niño puede manifestar este tipo de conductas. No podemos simplificarlo a que quiere llamar la atención. Sí, efectivamente uno de los motivos que las originan es una llamada de atención del niño sobre sus padres porque no le hacen caso, están hablando con otras personas, están ocupados y no pueden atenderle tanto como él quisiera,€Ś

 Sin embargo, las rabietas también vienen ocasionadas por la frustración, frustración que no debe evitarse ya que le prepara para la vida adulta, o por sentimientos de omnipotencia, que hace que el retoño en cuestión tenga la idea de que debe salirse siempre con la suya y no puede entender ni tolerar que esto no suceda así.

 En otras ocasiones, las rabietas se convierten en una forma de venganza; pueden estar resentidos por algo que ha sucedido y no ven otra manera de manifestarlo que a través de la rabieta; tiene que hacer saber que lo ocurrido le ha molestado profundamente, no le ha parecido justo,€Ś y está dolido, por lo que se venga de quien le ha producido ese dolor.

 Aunque parezca increíble, las rabietas también se pueden convertir en un modo de aprender. Aprenden qué pueden esperar de su padre, qué pueden esperar de su madre y dónde están los límites de cada uno. Los niños pequeños son muy observadores pero tienen que poner a prueba aquello que creen que es de una manera para saber si efectivamente es así. Atribuyen a cada progenitor el €œmando€ sobre distintos aspectos de la crianza y hacen uso de sus €œescandalosos métodos€ para ver si efectivamente interviene quien ellos creen y para averiguar hasta dónde puede llegar y qué puede obtener con ello.

 No debemos olvidar que el miedo que nuestros hijos pueden sentir en determinadas situaciones puede dar lugar también a la aparición de la rabieta como un modo de expresar esas emociones negativas, normalmente muy intensas, y de las que no pueden escapar a veces porque no saben expresar el pánico que les generan. Esto puede suceder con el miedo a los desconocidos, por ejemplo.

 Y ya por último Âża quién no le afecta el agotamiento? Los niños no iban a ser menos, un peque cansado, con sueño,€Ś tolerará mucho menos y tendrá las emociones más a flor de piel, con lo que la probabilidad de que ante la más mínima contrariedad aparezca la rabieta también es mayor. ÂżPodemos culparles? Yo diría que no porque nosotros, como padres, somos modelo de eso mismo cuando €œperdemos los nervios€ con ellos ante un pequeño mal comportamiento si llegamos después de pasar diez horas fuera de casa trabajando sin parar, cansados, con sueño y con más ganas de tirarnos en el sofá que de preparar cenas, atender sus demandas, contar cuentos,€Ś La diferencia está en que nosotros debemos saber controlar la situación y a nuestros hijos hay que enseñarles a ello.

 Ahora bien, una vez que sabemos por dónde pueden venir motivadas las rabietas de los niños, Âżqué podemos hacer para controlar la situación? Os voy a resumir algunos de los consejos que aparecen en el citado libro para hacerlo más sencillo:

  •  Un cachete es tolerable porque puede poner fin a una escena, pero es también una respuesta insatisfactoria ante los caprichos.
  •  Ceder no siempre es malo, siempre y cuando no sea sistemático. Se debe valorar en cada caso si esta opción es oportuna.
  •  Los castigos deben adaptarse a la edad y a las capacidades de los niños. Cuanto más pequeños son, más cortos y más inmediatos a la rabieta deben ser.
  •  El chantaje puede dar la sensación al niño de que se le considera como un objeto de cambio.
  •  El desprecio y la indiferencia de los padres provocan en los hijos deseos de revuelta y vergĂźenza.
  •  Algunas de las frases que habitualmente podemos usar los padres son perjudiciales para la autoestima de los niños. Por ejemplo, €œno he visto niño más malo que tú!€.
  •  Los padres debemos ejercer nuestra autoridad, es decir, saber decir €œno€ de forma coherente y respetando la personalidad de nuestros hijos.
  •  Cuando un niño tiene una rabieta, es importante transmitirle un mensaje claro con un tono firme y hacerle entender desde pequeño que tiene responsabilidades. No hay que repetir el mensaje hasta la saciedad, sino decirlo firme y claramente el menor número de veces posible.
  •  La paciencia de los padres hace que los hijos se sientan más seguros.
  •  Algunas rabietas requieren respuestas adaptadas a sus causas, otras obligan a los padres a recordar que la norma es aplicable para todo el mundo y que es innegociable. Es decir, que hay que saber ser flexible y adaptarse a las circunstancias, no mantener siempre la misma actitud rígida independientemente de lo que haya sucedido para ocasionar la rabieta.
  •  Es conveniente relativizar los reproches y responder a ellos reafirmando la confianza hacia el niño.

 Por último, una frase clave para este tema: LA ATENCIÓN QUE LOS PADRES PRESTAN A LOS HIJOS Y SU SENTIDO COMÚN SON ELEMENTOS CLAVE. Y, recordemos, vale más poca atención pero de calidad que muchas atenciones carentes de dicha calidad.

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