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Andadas

Celia Sierra Moreno

Marrakech, experiencias únicas

Las andadas de hoy nos llevan a una ciudad que está tan cerca que casi la tenemos olvidada. Y sin embargo es un lugar lleno de vida, de contrastes y de luz que abre la puerta a otro mundo y a otro continente. Si vuestras andadas os llevan hasta aquí, será un viaje que os marcará para bien o para mal ya que una vez de vuelta a casa, tardaréis y deshaceros de las sensaciones que viváis. Preparaos para el despegue. Nos vamos a Marrakech

África no es un país que me haya llamado nunca especialmente la atención. ¿Por qué? Pues no lo sé… no hay una explicación lógica… supongo que es porque lo relaciono con muchos animales, y la verdad es que los animales y yo…. No terminamos de congeniar. ¡Ojo! Que no me gusten los animales no significa que tolere que se les maltrate ni nada parecido. He debatido sobre esto muchas veces y es un tema que me pone un poco de mal humor…

 

Si bien es cierto que relaciono África con animales, también lo relaciono con los atardeceres más bonitos del mundo, con unos colores que no se encuentran en ningún otro lugar y con una cultura muy distinta a la nuestra que tal vez deberíamos conocer.

 

Marrakech es la puerta de entrada a esa África que imagino y coincide con ella en el olor y en los colores tantas veces retratados en fotografías y películas.

 

Es una ciudad ideal para descubrir y hacer una escapada antes del verano porque sino, el calor se hará insoportable pero, para muchos, Marrakech es una ciudad insegura y que, en algunas ocasiones, da miedo.

 

Pero vosotros sois aventureros… y estoy segura de que el miedo lo dejáis para otros.

La conocida como la Ciudad Roja tiene construcciones y lugares dignos de visitar. Uno de ellos son las Tumbas Saadíes, unas tumbas de finales del siglo XVI, decoradas con mosaicos en las que están enterrados los sirvientes y guerreros de la dinastía saadí. 

 

La plaza de Jamaa es el centro neurálgico de Marrakech, donde igual te encuentras con un encantador de serpientes (Dios mío que mal llevo esto) que un domador de monos o un dentista exponiendo sus últimas piezas. Porque esto es África, como diría Shakira. De noche, la plaza cambia y se convierte en un lugar lleno de puestos para poder cenar con espectáculos callejeros y músicos improvisados. La comida es económica. Pero si perdéis unos cuantos kilos después de esa noche… ¡no digáis que no os he avisado!

 

En contraposición a la Plaza de Jamaa está Gueliz, la ciudad nueva. Es la zona que eligen los extranjeros que llegan a Marrakech y en la que se encuentran las tiendas de ropa más lujosas de la ciudad. Podría decirse que esta zona es muy occidental y vuestra vía de escape cuando os canséis de las especias y olores de la comida marroquí. Pasaos por aquí y entrad en el McDonald´s!

 

Los Jardines de Menara son uno de los lugares más conocidos de Marrakech; aquí podréis disfrutar de un gran estanque y miles de olivos.

 

El zoco es el único lugar que no podéis dejar de visitar durante vuestra estancia en Marruecos. El zoco es a Marrakech, lo que el Gran Bazar es a Estambul. Un laberinto de callejuelas llenas de puestos y tenderetes donde comprar cualquier cosa: desde ropa hasta comida pasando por especias, alfombras, artesanía… si os gusta algo, regatead porque sino, los comerciantes se sentirán defraudados. Si queréis un truco de qué pagar en el zoco os lo diré: nunca más de un tercio de lo que inicialmente os pidan. ¡Recordadlo!!

 

Las mezquitas son un atractivo importante en la ciudad. La más importante es la de Koutoubia, una de las mayores del mundo islámico allá por el siglo XII. A ella sólo pueden acceder musulmanes, así que si no lo sois, sólo podréis deleitaros de su belleza desde la calle. Esa es otra cosa que no entiendo… que me parece respetable…. Porque yo lo respeto todo, pero luego nos llaman intolerantes, ¿sabes?

 

Pues esto es una pequeña muestra de lo que Marrakech ofrece. Para muchos no es una ciudad altamente atractiva ni con unos lugares fantásticos por descubrir…sin embargo tiene algo. Algo que engancha. No sé si será el color o su gente… sí, quizás en ver lo que es la vida real de los habitantes de este vecino africano radique su verdadero encanto.

 

Y si queréis vivir una experiencia única y estáis preparados para ello, os recomiendo que hagáis una excursión al desierto del Sahara. Lo tienen tan bien montado que os sentiréis como si estuvierais en una película antigua.

 

Hace un par de años fui a Fitur y me senté en un estand (¿se dice así?) en el que te ofrecían una excursión por el Sahara durmiendo en jaimas en medio del desierto y aprendiendo las costumbres de sus hombres. No recuerdo mucho cómo era el recorrido pero recuerdo perfectamente al tipo que me lo intentaba vender diciendo: “Tú excursión camello o jeep. Noche en desierto con bereber. Cena bereber, cachimba bereber y dormir en jaima”. Y yo pensando… ¿y el bereber también va a estar en la jaima con nosotros? Y la cobra esa a la que le canta y levanta el cuello, ¿qué hace con ella? ¿También comparte nuestra jaima?

 

No, no, ¡no! Sinceramente, yo no valgo para eso… Llamadme sibarita, ¡pero me muero del terror! Eso sí, admiro a la gente que lo hace y que no tiene miedo porque creo que vive la vida de una forma más arriesgada de lo que lo hago yo… así que si alguno de vosotros os animáis a hacer esto, contádmelo! Que me mataréis de la envidia seguro.

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