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Andadas

Celia Sierra Moreno

Eternamente…. Maravillosa Roma

Desde que el pasado 11 de febrero el Papa Emérito (me suena fatal) Benedicto XVI anunciara su renuncia, muchas han sido las veces que hemos visto la ciudad de Roma por la televisión. Por eso hoy, a escasas horas de celebrarse el cónclave que dará a la Iglesia otro líder, creo que es obligado visitar la ciudad más bonita que he visitado nunca. A la que volvería cada mes. En la que no me importaría vivir el resto de mi vida… Bienvenidos a mi Roma.

Intentaría explicaros lo que siento cada vez que veo algo en algún sitio de la capital italiana, pero la verdad es que no sé cómo hacerlo. La primera vez que fui a Roma, tenía un planning hecho para visitar cada día por lo que patee la ciudad mil veces. Me pareció que todo estaba lejísimos pero disfrutaba de cada paso que iba dando. Me sentía en una nube. La segunda vez que fui a la ciudad eterna me dejé llevar; sólo quería pasear y disfrutar de su encanto sin tener que guardar colas ni pegarme con nadie por una foto en la fontana di Trevi. Disfruté más. Así que permitidme que os de un consejo: si vais a Roma, hacedlo sin planning. Su grandiosidad va a aparecer ante vosotros, no hace falta que la busquéis. Puedo garantizaros que así lo disfrutaréis más.

 

Particularmente prefiero la Roma barroca a la Roma Imperial, aunque es obvio que una no sería nada sin la otra, y que la mezcla de ambas es lo que hace hermosa a la ciudad.

 

Podemos comenzar el recorrido por la ciudad en la Piazza Venecia. Podría considerarse el centro de la ciudad porque en ella confluyen las principales vías como son Corso e Imperial. La Plaza de Venecia está coronada por el Monumento Nacional a Víctor Manuel II, que fue inaugurado en 1911 para rendir homenaje al primer rey de Italia tras su unificación. La máquina de escribir o la Tarta, como vulgarmente denominan los italianos al edificio, alberga en su interior el Instituto para la Historia del Resurgimiento y acoge, además, la tumba del soldado desconocido, donde brilla la llama eterna y se encuentra siempre custodiado por dos soldados. Nunca os sentéis en las escaleras del edificio ni piséis los bancos destinados al descanso si no queréis que vengan a llamaros la atención. Os lo digo por experiencia.

 

Justo detrás del Monumento se encuentra el Campidoglio, donde se encuentran los museos capitolinos (aquí se puede ver la escultura de la loba) y donde se inicia el recorrido por los foros imperiales hasta el Arco de Constantino. El final de este paseo es el Colosseo, al que se puede acceder con la misma entrada que a los foros y sin necesidad de guardar cola. Esas cosas que descubres cuando estás de vuelta en casa…. ;)

 

Desde aquí se puede iniciar la caminata hasta el Trastévere, el barrio del otro lado del río que siempre ha sido considerado un sitio pobre y marginal pero que es el lugar donde se puede encontrar el ambiente más italiano, con las sábanas colgando de balcón a balcón y donde se come el mejor tiramisú que hayáis probado nunca. Por sus calles, que aún guardan la esencia medieval, se encuentran iglesias tan importantes como la de Santa María o Santa Cecilia In Trastevere.

 

Cerca del Trastévere, pero después de haber cruzado el rio, se encuentran el Templo de Vesta y la Iglesia de la Boca de la Verdad. La leyenda cuenta que los hombres italianos, cuando volvían de la guerra, hacían que sus esposas metieran la mano en la boca de la verdad para asegurarse de que les habían sido fieles durante su ausencia. Si la boca les picaba, quedaba clara su infidelidad. Los mentideros cuentan que era la Iglesia quien metía escorpiones en la Boca para que picaran a todas las mujeres y fueran así condenadas al fuego eterno.

 

Cogemos la vía del corso y seguimos las indicaciones hasta llegar a la Plaza de la Rotonda, que está dominada por el Panteón de Agripa, la primera iglesia de Roma, donde se encuentra enterrado el artista Rafael y que recibe luz natural del día gracias al óculo de nueve metros de diámetro que hay en su cúpula. Parece increíble cuando estás debajo de la columnata del panteón que el edificio lleve en pie desde el año 126 y se conserve como se conserva… esas cosas sólo pasan en Roma.

 

Callejeando desde la plaza de la rotonda, llegamos a la Piazza Navona. Uno de esos lugares en los que parece que no pasa el tiempo. Donde los artistas se muestran sus obras, donde los videntes aguardan a que te sientes junto a ellos para leer tu futuro en sus cartas y donde un trozo de pizza sabe mejor si te lo tomas con vistas a la fuente de los Cuatro Rios. Una obra de Bernini que simboliza los cuatro ríos más importantes de la Tierra: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata.

 

Si queréis permitiros un capricho, sentaos a cenar un risotto en esta plaza y dejaos deleitar por los músicos que amenizan las veladas con románticas canciones italianas.

 

De postre helado. Pero helado italiano. Del de verdad. Y hay que tomarlo con vistas. Con vistas a la Fontana di Trevi. Recuerdo la primera vez que entré en esa plaza y se me ponen los pelos de punta como aquella vez. Íbamos acercándonos por una calle muy estrecha cuando empezamos a oír las voces de la gente y el murmullo del agua. Sonreí, respiré hondo y disfruté del espectáculo. No podía dejar de mirar la fuente. Cada detalle, cada pliegue de las vestiduras de Neptuno, cada pelo de las crines de los caballos, a las diosas de la salud y de la abundancia…. Me costaba tanto moverme de allí que al final todas las noches terminábamos comiéndonos el helado frente a Neptuno. Me siento tan bien cada vez que estoy allí…

 

Atravesar Vía Condotti, repleta de tiendas caras de camino a la Plaza de España es también un espectáculo digno de descubrir…. La gente se vuelve más estilosa en esta zona de Roma. Paraos a descansar en la escalinata, que vuestra pareja os regale la rosa que el hindú de turno os habrá metido por los ojos y continuad el paseo hasta Villa Borghese, uno de los parques más grandes y bonitos de Europa que tiene a sus la Piazza di Popolo y desde donde se disfrutan, probablemente, de las mejores vistas de la cúpula de San Pedro.

 

San Pedro… tenéis que dedicar un día entero a visitar el Vaticano. Siempre que sale este tema de conversación con mis amigos, se genera cierta tensión… al margen de las creencias de cada uno, pienso que el Vaticano es algo que hay que ver y que descubrir. Si eres creyente, por la cantidad de historia que guardan sus paredes. Si no lo eres, solamente por las obras de arte que hay allí, merece la pena que vayas. Yo siempre pongo siempre el mismo ejemplo: no eres musulmán, pero si vas a Granada, tienes que ver La Alhambra.

 

Debates a parte, después de caminar por la basílica y deleitarte con La Piedad de Miguel Ángel y con el baldaquino, merece la pena bajar a la cripta y ver las tumbas de los papas. A mí particularmente me parece algo curioso. Y después, visitar los Museos Vaticanos que esconden numerosos objetos de inmenso valor traídos desde todos los lugares del mundo y uno de los mayores tesoros del arte: la Capilla Sixtina, que cerró al público el martes 5 de marzo, para ser preparada para el cónclave.

 

Abandonamos el siempre misterioso Vaticano y volvemos a adentrarnos en el centro de Roma. El campo de Fiori merece ser visitado por la mañana. Allí encontraréis un mercado lleno de prontos típicos como pasta o licores perfectos para traer de recuerdo. Y si vais por la tarde, sentaos a tomar un capuchino y contemplad la escultura que hay en el centro de la plaza. Yo le encuentro un aire enigmático…. No sé, me inspira. Siempre he pensado que algún día escribiré un libro que le tendrá como protagonista.

 

Si os sobran días en vuestra escapada a Roma, acercaos a las termas de Caracalla; a pesar de que sólo quedan muros de ladrillo y grandes bóvedas desplomadas, aún se conservan los restos del esplendor que reinaba en el lugar hace siglos.

 

Y si hay algo que llama particularmente la atención de muchos de los visitantes son las catacumbas. Hay viajeros que emplean un día entero en visitar el subsuelo de Roma. Durante muchos años se pensaba que las catacumbas habían servido de refugio a los cristianos mientras fueron perseguidos y sobre ellas se han forjado leyendas como que la gente se pierde en sus galerías y desaparece sin dejar rastro. No sé si es fácil creer eso, pero la realidad difiere bastante: las catacumbas son simplemente cementerios subterráneos que crearon los primeros cristianos porque la ley romana prohibía enterrar a los muertos dentro de la ciudad. Durante el siglo XIX comienzan a descubrirse los cientos de kilómetros de galerías y miles de tumbas que guardan secretos de la ciudad eterna.

 

La vuelta de Roma siempre me supone una gran tristeza que alivia, en parte, el rasca y gana de Ryanair y algún guapo miembro de la tripulación…. Si os gusta tanto como a mí, no olvidéis echar la moneda a la fuente cada vez que vayáis…. Para que podamos volver siempre.

Comentarios

Arantxa M. 25/04/2013 11:27 #1
Bella, bellísima Roma. El barrio de Trastévere y su embrujo son inigualables. Repite y visítala cuantas veces quieras, pero vuelve...

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