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Andadas

Celia Sierra Moreno

El hermanamiento de dos pueblos gracias a la proposición de una fallera

Lo vivido este fin de semana en Ávila es digno de un blog y de toda una semana de noticias. Yo voy a intentar aportar mi granito de arena para que os sintáis un poco más cerca de Carcaixent y de Ávila y os dedico este post a todos los que no habéis podido participar de este acto histórico en nuestra ciudad.

Sé que a muchos os extrañará leerme hoy lunes pero me apremiaba la prisa por contaros el viaje que he realizado este fin de semana. No he salido de la provincia pero me he sentido como si hubiera estado viviendo en la semana de San José en Valencia.

 

Todo empezó el viernes con la plantá de la falla. En los aledaños del Lienzo Norte quedó expuesta la falla creada para la ocasión y transportada desde Carcaixent hasta Ávila. La gente que se ha ido acercando a lo largo del fin de semana a visitar el monumento podían ver también algunos ninots de las fallas que quedaron indultados de la cremá de Carcaixent para ser quemados en junto a la muralla.

 

Nueve autobuses repletos e infinidad de coches llegaron a Avila el sábado. Carcaixentanos (por llamarles de alguna manera porque aún no nos hemos enterado de cómo es el gentilicio en realidad, verdad, Isa?) se fueron agolpando en la zona del palacio de congresos, donde previamente se había instalado una carpa en la que han estado de juerga más de cuarenta y ocho horas.

 

La tarde del sábado la gente que se acercó hasta el Lienzo norte pudo degustar la bebida más típica de las fiestas valencianas: el Agua de Valencia. Un brebaje refrescante y dulzón que hizo las delicias de todos los que la probaron.

 

Pero sin lugar a dudas el día importante fue ayer. Ávila se despertó con el ruido de los petardos que los valencianos fueron tirando desde el Mercado Chico hasta el Grande.

 

Y a partir de las doce, la misa y la ofrenda floral a la Santa. Con la Banda municipal de Carcaixen abriendo el cortejo, más de un centenar de falleras pasearon por las calles de Ávila hasta la escultura de la Santa donde, durante más de media hora, las valencianas lucieron sus maravillosos trajes y depositaron flores a Santa Teresa.

 

El momento más esperado llegó de la mano de Cristina, fallera mayor y causante de este fin de semana histórico Avila ya que fue ella, descendiente abulense la que propuso ser nombrada también fallera mayor de nuestra ciudad. Cuando la chica llego a ofrecer su ramo, la gente que se encontraba en el Mercado Grande estalló en aplausos mientras ella, al ritmo del pasodoble Valencia rendía honores a la Santa de Ávila.

 

Realmente fue un momento espectacular, de esos que te ponen los pelos de punta y hace que se te escape alguna lagrimilla. Los ciudadanos de Carcaixent iban explicándome con paciencia y orgullo todos los rituales que se estaban llevando a cabo y el porqué se hacían. Así descubrí el nombre de las naranjas de la tierra (sanguinas), los cargos que ocupa cada persona en la falla, que cada falla tiene un uniforme distinto (de ahí que los hombres fueran vestidos de forma diferente) y que la fallera mayor elige a su propio cortejo: doce mujeres de su entorno que la acompañan en el desfile.

 

Después hablé con Cristina, la protagonista del fin de semana. Me descubrió que su traje pesaba en torno a 15 kilos, que para la ofrenda floral es obligado llevar manga larga y mantilla y que el vestido que llevaba hoy estaba completamente hecho a mano y no andaba muy lejos de los 20.000 euros.

 

Algo que me llamó especialmente la atención fue la hermandad entre todos los falleros. Durante la semana grande de Carcaixent, cada uno vive volcado en su falla, en que sea la mejor, en que todo salga bien…. Y en Ávila, como en Fuenteovejuna, se unieron todos en torno a una. Disfrutaron de sus tradiciones y mostraron a los abulenses cómo es la fiesta en la comunidad Valenciana.

 

Con su comida, su música y sus ganas de juerga, los carcaixentanos pasaron la tarde hasta el momento cumbre del fin de semana: el castillo de fuegos artificiales y la posterior cremá de la falla que nos había acompañado durante tres días.

 

De nuevo las lágrimas acudieron a los ojos. La emoción se hacía presente con cada petardo que explotaba (se han quemado un total de 350 kilos de pólvora) y comenzaba la cuenta atrás para las próximas fallas. Los de Carcaixent podrán vivirlas… pero queda por saber si los abulenses volveremos a pasar pronto un fin de semana como este.

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