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Amuletos contra el desastre

Laura Emily Roberts

Un poquito de por favor

Emily Roberts

Viajar sirve, entre otras muchas cosas, para apreciar lo ajeno y valorar lo propio. También para aprender de los demás, de las semejanzas y de las diferencias. Para entender. Y para elegir: qué preferimos, qué nos hace más felices, con qué nos quedamos. Dónde nos quedamos.

 

La capital de Escocia, donde actualmente resido, es un lugar de alta concentración turística. A pesar del mal tiempo y de los días cortos y fríos siempre pueden verse riadas de turistas caminando por el centro en cualquier momento del día–y de la noche. Uno de sus principales encantos son sus pubs y cafeterías. Sí, las franquicias tipo Starbucks, Costa y otros también están por todas partes en Edimburgo, pero aún queda un resquicio para una inmensa variedad de locales con sus propias especialidades e historias. Da gusto verse rodeado del ambiente tradicional escocés, con sus guiris borrachos y las jarras de medio litro. Pero ¿sabéis qué da más gusto aún? El servicio. La gente en Escocia es amable, sonriente y siempre dispuesta ayudar. Sólo he tenido una mala experiencia hasta ahora con un camarero allí, y no era escocés, ni británico. Los habitantes de Gran Bretaña son conocidos por su exagerada cortesía y su manía de decir por favor, perdón y gracias tropecientas mil veces sin haber siquiera empezado a interactuar. Quizá sean exagerados, dicen. Quizás no lo digan de verdad y todo sea “indiferencia organizada”, como decía Paul Valery de la buena educación.

 

Puede que sean un poco exagerados, o quizás nosotros demasiado maleducados. En el mes de vacaciones que llevo en España me he dado cuenta más que nunca de las malas contestaciones que he recibido por parte de camareros, vendedores y demás gente que trabaja de cara al público (en sectores más bien turísticos), como si me estuvieran haciendo un favor o perdonándome la vida por servirme una caña y un plato de patatas, o un billete de tren, que voy a pagar. ¡Yo que volvía a España esperando el humor socarrón y la falta de estrés! No, señores, no. En España las cosas van mal, todos lo sabemos (por otra falta de respeto al prójimo, pues al final nada es tan diferente), pero si el único reducto que nos queda es el de los turistas que creen que vienen a tomar el sol y a la gente cálida y a la fiesta y olé, ¿acaso intentamos echarlos? No cuesta nada pedir las cosas por favor, decir gracias y sonreír, que a todos nos gusta que nos respeten. Tus clientes no tienen la culpa de que tengas un mal día, ni hace falta que le traspases tu malestar a ellos. Si perdemos el respeto y la educación, ¿qué nos queda?

 

La buena educación es gratis; la mala sale cara.

Comentarios

Nativi 30/01/2014 15:04 #1
!! Buen artículo, Emily !! !!Y muy cierto !! 👍

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