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Amuletos contra el desastre

Laura Emily Roberts

Realidad vs. Ficción: Annie Ernaux

Y eso sabiendo que, a la inversa de la vida, nada puedo esperar de la escritura, donde sólo sucede lo que uno pone.

(Annie Ernaux)

Después de Marguerite Duras, Annie Ernaux es probablemente mi narradora francesa favorita. Muy pronto abandonó la ficción por los relatos de tono autobiográfico. ¿Confiere eso algún tipo de pudor cuando la leemos? ¿Es su padre más real por saber que es su padre en La Place? “La escritura es decididamente una moral para mí”, dice, y también: “Hasta que las cosas no se dicen (o se escriben), no existen. Después, nunca terminan de ser” (Se perdre, Gallimard 2001). A modo de poética: la escritura acaba donde empieza la vida. No obstante: escribir siempre es interpretar, sesgar, en suma, “ficcionar”, aunque se parta de hechos verdaderos. No creo en los narradores cámara. Y los narradores en primera persona son los menos fiables de todos. Buena prueba de ello son los dos libros que me gustaría comparar aquí: Passion simple (publicado en 1991) y Se perdre (publicado en 2001). Ambas relatan la misma historia: una mujer francesa madura, divorciada y con hijos, profesora universitaria y escritora (la misma Ernaux, suponemos), conoce a un diplomático casado de algún país del Este destinado en París y empiezan una tórrida relación secreta de encuentros y desencuentros abocada al fracaso. No obstante, los diez años que separan estas obras también suponen una evolución –y, paradójicamente, una regresión de algún modo temporal–: Passion simple es una novelita esperanzadora, melancólica, quizás dedicada a alguien. Passion simple es, pues, autobiográfica o no, una ficción. La prueba es que años después la autora decidió publicar el diario (no íntegro) que escribió durante aquella época, de hecho, lo único que escribió durante aquella época. Aunque los hechos que se nos presentan son los mismos, los sentimientos y la luz bajo la que se exponen son bien distintos: uno es idealista y fiel, en el otro hay más angustia, más crudeza, más dolor y también más vida. Y aún así no deja de ser más que otra ficción. Más real. ¿O no? Quizá lo que importe es lo que consiga luego. El efecto en el lector: he ahí la honestidad de un texto. Dialogar de manera honesta con el lector. Creo en las dos Annie Ernaux de los dos textos, tan diferentes y a la vez tan parecidas. No sé si existieron, pero me da igual. Existieron cuando yo las leía. Cuando me regalaron su historia. Coincidencia en ambos libros: él le dijo, “No escribas un libro sobre mí”. No es un libro sobre él. Es una historia. No sé si es legítima, pero es su historia. La de ella. La de todos.

Comentarios

Noemí Valiente 23/03/2013 15:28 #1
Genial, Emily Roberts

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