E roberts 80x111 original

Amuletos contra el desastre

Laura Emily Roberts

Escribir es Âżconvencer?

 

La semana pasado expuse cómo el texto es un campo de seducción mutuo entre el escritor y el lector. Ahora bien, sus técnicas son bien diferentes. Ya que el discurso del escritor será el que perdure, este tendrá que hacer uso de todas las técnicas argumentales posibles. Así, si nos preguntamos si un texto €“cualquier texto, también los literarios€“ es informativo, descriptivo, o narrativo, creo que bajo cualquier clase de texto subyace la cualidad de ser argumentativo: un texto quiere convencer. O lo que es lo mismo: perdurar. Crear un efecto, incluso cuando se trata de una ficción y/o lírica: trata de convencernos de que es verdad, de que empaticemos o nos enfrentemos con el sujeto del texto, de que haya una reacción. Y por un lado, tiene ventaja, porque el texto escrito perdura más que un discurso hablado. Pero por otro, es un objeto inmóvil, fijo, a merced de los cambios del lector. Por eso, para que un texto perdure en el tiempo no tiene que ser didáctico, sino sagaz; no tiene que ser esencial, sino dialéctico: que contenga su propio cambio, también incluso su propio contra-discurso.

Desde las épicas anónimas medievales que exaltaban la heroicidad de la nación (Beowulf) hasta los poetas metafísicos del siglo XVII como John Donne o los relatistas de la cotidianidad de finales del siglo XX Lorrie Moore o Raymond Carver. Un buen ejemplo de la búsqueda de la reacción a través de la acción textual el conocido poema €œLa pulga€ de Donne, pastor anglicano, un impecable ejercicio de argumentación que a continuación os muestro para vuestro propio análisis:

 

La pulga

 

Observa, pues, esta pulga, y observa en ella

Cuán poco es lo que me niegas;

Primero me succionó a mí, y ahora a ti,

Y en esta pulga están mezcladas nuestras sangres;

Tú sabes que a esto no puede llamársele un pecado,

Ni una vergĂźenza, ni una perdida de virginidad,

Sin embargo, ella goza antes de cortejar,

Y se hincha, bien alimentada, con una sangre compuesta de dos,

Y eso, ay, es más de lo que nosotros haríamos.

 

Oh, quédate, conserva tres vidas en una pulga,

Donde casi somos un matrimonio y aún más que eso;

Esta pulga es tú y yo, y éste

Es nuestro tálamo, y nuestro templo nupcial.

Aunque a los padres, y aun a ti, les pese, estamos unidos,

Y enclaustrados en estos muros de azabache.

Aunque el hábito te haga capaz de matarme

No permitas que a ese delito se agregue el suicidio

Y el sacrilegio, tres pecados en un triple crimen.

 

ÂżCruel e impaciente, has, pues,

Empurpurado tu uña con la sangre de la inocencia?

ÂżDe qué pudo ser culpable esta pulga

Sino por la gota que succionó de ti?

Sin embargo, triunfas, y dices

Que no sientes que tú o yo seamos ahora más débiles;

Eso es verdad, aprende entonces qué falsos son los temores;

Cuando te entregues a mí se habrá perdido exactamente

Tanto honor como vida te sustrajo la muerte de esta pulga.

 

€“€“John Donne.

(Versión de Alberto Girri en Tupé, 5, diciembre 2010.)

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: