Silueta original

Abriendo alamedas

Hugo Crespo

Las delicias de Capua

Fiarlo todo a lo electoral, a ganar unas elecciones, puede provocar que si no  lo conseguimos caigamos en la apatía y la frustración. Hace falta un movimiento político-social que acompañe a la apuesta electoral.

            La expresión «las delicias de Capua» tiene su origen en la Segunda Guerra Púnica (218 a. C.-201 a. C.), cuando el general cartaginés Aníbal, después de su victoria sobre Roma en la Batalla de Cannas, decidió descansar en Capua en vez de sitiar Roma. Así pues, «las delicias de Capua» ha pasado a ser sinónimo de una cobarde manera de excusarse de los deberes difíciles. Son otros los factores los que explican el porqué Aníbal no sitió Roma, pero así ha pasado a la leyenda, como alguien que conseguía grandes victorias pero que no las sabía aprovechar para ganar una guerra.

 

            No estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época. El proyecto neoliberal, esta segunda globalización capitalista iniciada en la década de los setenta, ha quebrado. Pensar que esa quiebra supone un cambio a mejor es un pensamiento mecanicista. Lo único cierto es que en el sur de Europa se abre la posibilidad de un cambio progresista que mejore las condiciones materiales de la mayoría social, pero también su contrario.

 

            Esa posibilidad de cambio ya se ha materializado en Grecia, con la victoria en las elecciones de Syriza, fuerza rupturista con el actual marco neoliberal de la Unión Europea. También parecía que Podemos se iba a sumar al carro del cambio, aunque el resultado de las elecciones andaluzas del pasado domingo, la mejor encuesta electoral, parece indicar lo contrario. Es más, la suma de IU y Podemos no alcanzaría para desbancar al PP de la segunda plaza. Andalucía tiene una especificidad, unas características que no la hacen extrapolable al resto del país... o sí. 

 


            Como en el caso de Aníbal, tenemos que ganar batallas, pero tienen que servir para ganar la guerra. No hay excusa ninguna para no seguir luchando, para eludir la responsabilidad histórica que tenemos. Queda mucho partido: la batalla por Madrid, unas elecciones autonómicas y municipales que pueden marcar el principio del fin del bipartidismo y del expolio en Madrid y España, será decisiva. Urge crear un movimiento político-social que acompañe la apuesta electoral en la que estamos inmersos todos los actores por el cambio. No podemos abandonarnos a «las delicias de Capua». El único horizonte posible es de lucha.

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