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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Una fábula en 3D

La vida de Pi contiene los elementos para ser un éxito en taquilla: una historia de superación, que combina tanto el suspense como el sentimiento, una resolución esperanzadora, y una bella e impactante fotografía. La última gran película de la industria estadounidense ha logrado recaudar en España, en su primer fin de semana, más que la esperada segunda parte de Amanecer, siendo así líder en taquilla en nuestro país. El más reciente trabajo del director Ang Lee (Brokeback Mountain, Tigre y dragón) apuesta por el 3D, sabiendo aprovechar las ventajas que ofrece, sobre todo a través del elemento acuático (las escena en la piscina y después en el mar, los diferentes animales o el hundimiento del barco).

Pero La vida de Pi no es sólo la demostración de lo que las últimas mejoras visuales pueden aportar al cine, sino que, partiendo de la novela de Yann Martel, se narra la lucha de un joven indio que debe aprender a convivir con un tigre de bengala. La puesta en escena es asombrosa, pues la segunda parte del film trata de esa difícil relación, de cómo Pi intenta domar a la fiera, venciendo el sentimiento de soledad (una ocupación que dé sentido a su vida, según el protagonista), aprendiendo a convivir con la naturaleza de la que él forma parte (cuya base religiosa y espiritual se muestra en la película), hasta mostrar la definitiva compenetración entre ambos con una bella escena introspectiva, que conecta los rostros del tigre y de Pi con la totalidad del universo.

 

El Pi del presente nos narra su historia desde niño, sus aventuras en el colegio, su enamoramiento, e incluso cómo llega a creer en tres religiones al mismo tiempo. Llega a contar la mudanza que su familia y él se ven obligados a realizar en dirección a Canadá, en barco, trasportando todos los animales del zoo que su padre regentaba. Sólo al final nos cuestionamos el sentido de la posible fábula, y se nos plantea a los espectadores una interesante elección entre la fantasía y la lucha instintiva animal, frente al relato mucho más conocido entre las personas que muestran nuestras peores pasiones (que sin embargo no vemos, sino que sólo lo imaginamos gracias a la versión de Pi en el hospital). La vida de Pi, una segura candidata a los premios Oscar, es apta para las diferentes sensibilidades, que no sólo entretiene, sino que además alimenta el territorio narrativo con una curiosa historia y una rica puesta en escena.

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