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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Tabúes y arrugas

Dos madres perfectas detail

En la reciente (y aún por estrenar) The congress, una actriz descubre que entrar en edad madura significa su fin en el mundo del cine, gracias a que las nuevas tecnologías permiten reproducir los gestos y la apariencia de la mujer aún joven. Robin Wright es quien da vida a esta decepcionada intérprete, que ve cómo el paso del tiempo le va cerrando las puertas en ese futuro incierto donde solamente le queda vivir en una eterna ilusión de sí misma. En un plano más real, la misma Robin Wright vuelve a encarnar un personaje preocupado por la vejez y lo que aún puede vivir antes de que la piel pierda su firmeza. Roz y Lil (Naomi Watts) y sus respectivos hijos comparten protagonismo en Dos madres perfectas (Adore o Two mothers, Anne Fontaine). La película arranca con dos elipsis en las que pretende mostrar el crecimiento compartido de los cuatro personajes. De este modo, la primera parte del metraje funciona presentando la relación ambigua entre ellos: ¿las dos amigas de la infancia descubren que se gustan después de tantos años? Pronto se descubre que no van por ahí los tiros, que la atracción es entre la madre de uno y el hijo de la otra. Las situaciones incómodas, los silencios y las miradas sitúan la narración en una dimensión equívoca, recordando a la peligrosa frienzone de Drinking buddies, donde una pareja de amigos se situaba en el límite entre la atracción explícita y la amistad.

 

La segunda parte de la película, por otra parte, resulta más reiterativa. Las situaciones se alargan esperando establecer una conexión con la siguiente generación y ver qué es lo que sucede en esas relaciones tumultuosas. Con la dificultad implícita de ver la temprana vejez en los rostros de Watts y de Wright, sin embargo es este el asunto de fondo que está latente en todo momento. Las miradas en el espejo o el coqueteo en las fiestas señalan la preocupación por traspasar el límite de lo que es permitido en una determinada edad. Quizás el acierto en la historia es insinuar que la pulsión amorosa es más potente que el instinto de la edad, pretensión bien alcanzada aunque el relato no consiga ser tan atractivo como sugiere el comienzo. El resultado es positivo aunque algo endulzado, y cuyas intenciones no son tan rompedoras como pudiera parecer en un primer momento.

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