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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

San Sebastián 2014 – Día 1

Ya lo dijo hace unos días José Luis Rebordinos, director del Festival de Cine de San Sebastián: no es necesario crecer más. Basta con mantenerse, aceptar que no se puede comparar el certamen español con sus competidores europeos. En ese recorrido hacia una identidad propia, la 62ª edición, que comienza hoy (19 de septiembre), mantiene la calidad y la variedad que caracteriza al Zinemaldia, pero sin los grandes nombres que prefieren la popularidad de Cannes, Berlín o Toronto. Y dentro de esa sobriedad en cuanto a grandes personalidades se refiere, también hay sitio para homenajes por todo lo alto, como los premios Donosti que este año son otorgados a Denzel Washington y Benicio del Toro, después del impacto mediático que supuso el año anterior la presencia de Hugh Jackman.


Precisamente Denzel Washington es quien protagoniza la película, fuera de concurso, que ha inaugurado la edición de este año, The Equalitzer (El protector). El veterano actor se mete en la piel de McCall, un humilde trabajador además de una buena persona que no duda en ayudar a quien lo necesita. Este rasgo le hace dejarse llevar por su deseo de justicia cuando una joven e indefensa chica obligada a prostituirse (Chloë Grace Moretz) es maltratada por una mafia rusa, demostrando que no es quien parece ser, pues sabe a la perfección cómo luchar y enfrentarse a cualquier situación. Tan experto como Washington en films de acción es el director Antoine Fuqua, quien opta por mantener el suspense sobre el pasado del protagonista durante el transcurso de la película. Guarda cierta relación con el indomable Damon de la saga Bourne en su búsqueda de una historia personal que hay que ir desgranando, aunque el tono en este caso es bien distinto: las escenas de violencia, la propia trama y los efectos usados en algunas escenas (ralentí, grandes explosiones, importancia del impacto visual y sonoro en las peleas), están al servicio del primer plano (el héroe que interpreta Washington) y a una intención moral y heroica.

 

Tal es la espectacularidad buscada en algunos momentos que no hacen más que provocar risa, pues las hazañas imposibles (y no hablamos de los clásicos superhéroes) son propias de otra época mientras Fuqua se recrea, a la vez, en un estilo más naturalista durante los combates.


¿Y quién iba a pensar que una persecución de coches antiguos (anteriores a 1980, año en el que está ambientada La isla mínima) pudiera estar a la altura de cualquiera de las rodadas hoy en día con los últimos y más rápidos modelos? Es lo que consigue Alberto Rodríguez en su último film en el que dos detectives (Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez) tienen que resolver un doble crimen (dos jóvenes encontradas sin vida en el río). Para ello se desplazan a una zona rural en las marismas del Guadalquivir todavía anclada en el pasado franquista, donde nadie escapa a la corrupción y el contrabando forma parte de la economía local. Rodríguez se recrea en los bellos paisajes gracias a los numerosos planos aéreos y los constantes trayectos en coche, al mismo tiempo que se avanza a tientas en una pesquisa no exenta de mentiras y ocultaciones.

 

De este modo, garantiza el interés por los detalles oscuros que van saliendo a la luz. En Grupo 7 también retrocedía unos años para contar el proceso de corrupción de un grupo de policías, que en el fondo reflejaba una brecha en la sociedad española, en concreto de la Sevilla anterior a la Expo 92. En La isla mínima, un estupendo thriller que pone el listón muy alto al resto de competidoras españolas en el Zinemaldia, ese pasado asentado en la dictadura lo representa por un lado el pueblo corrupto donde se trafica y se cometen otros delitos, y por otro lado, el detective interpretado por Javier Gutiérrez. Es cierto que el detalle sobre sus implicaciones en torturas años atrás ayudan a configurar una sólido guion y mantiene la tensión con su compañero. No obstante, la película decae en su último tramo al querer cerrar el relato de los dos policías cuando la sola investigación del homicidio bastaba para concluir uno de los mejores títulos nacionales del año.
 

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