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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Maestría y locura

The Master, la última película del director estadounidense Paul Thomas Anderson, que además viene precedida por su éxito en la Biennale de Venecia, cuenta un periodo en la vida de Freddie Quell, un exmarine americano que ha combatido en la Segunda Guerra Mundial. Después de buscar distintos trabajos, sus pasos le llevan hasta un barco privado que navega rumbo a Nueva York. Deja de ser un polizón al ganarse la confianza del capitán del barco gracias a las bebidas alcohólicas que él mismo destila.

 

Arranca así una película cuyos pasos nos intrigan, no sabemos muy bien hacia dónde nos llevan. Lo que sí está claro es la incursión en la personalidad enfermiza, solitaria y perturbada del personaje interpretado espléndidamente por Joaquin Phoenix. Pero lo que se encuentra en ese barco, con un primer contacto amable, es una secta llamada “La causa”, controlada por su maestro Lancaster Dodd (el actor Philip Seymour Hoffman, que repite una vez más con Anderson), quien se convertirá en el buen amigo de Freddie. La película se basa en el surgimiento que tuvo lugar en Estados Unidos de la Iglesia de la Cienciología. Si esto no resulta familiar, quizás sí lo hagan los curiosos movimientarios que los aficionados a Los Simpsons conocerán, donde también se refleja el surgimiento y la difusión de esta nueva religión. Lo que vemos en el film es el crecimiento de la secta que utiliza métodos pseudo-científicos para curar trastornos de vidas pasadas y lograr así la felicidad, o, en palabras del maestro, un estado inherente de perfección en el hombre.

 

Pero Anderson coloca a Dodd como un carismático líder que sin embargo tiene que lidiar con quien se le opone y le acusa de sectario, aunque también contra sus propias contradicciones, ideas que en ocasiones se caen bajo su propio peso. Por ello encuentra momentos de frustración (cuando le cuestionan las ideas de su segundo libro) y otros en los que se apoya en su amigo Freddie, a quien incluso llama años después para volver a verlo. Pero nótese que el más loco de todos, que da rienda suelta a sus instintos naturales (el ansia de sexo, amor, violencia), es el único del entorno que no sigue los dictados de la secta.

 

The Master consigue que uno salga del cine emocionado pero confuso, algo turbado por un film que saca a relucir las aspiraciones de unos hombres perdidos (el propio maestro reta a Freddie a que intente vivir su vida sin servir a ningún amo) que intentan dar un sentido a sus vidas. No obstante, el lenguaje visual, aunque potente y muy adecuado a la época que desarrolla, puede que no conquiste a todos los públicos. Así lo constatan la inquietud entre las butacas y los resoplidos al aparecer los créditos. La sensación final de no saber muy bien a qué atenerse puede desilusionar a más de uno. Y aún así, la genialidad de este gran director ha creado una película compleja, emotiva (el doblaje, en especial durante las canciones, dificulta esa emotividad) y con dos grandes personalidades enfrentadas, encarnadas en los mejores intérpretes. Por si no queda claro el trasfondo social del film, basta saber dónde termina cada uno: Dodd, a través de la manipulación y el enriquecimiento personal, queda encumbrado como líder de una recién estrenada escuela y también religión; y Quell, un antiguo soldado desequilibrado por las miserias de la guerra, guiado por los instintos y pasiones (defender a su amigo, reencontrar a su amor), queda olvidado por la sociedad. Pero, eso sí, abrazado a la vida que ha escogido vivir.

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