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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

La decadencia de un estilo

Tras una tediosa hora y media de película, salgo del cine sin saber muy bien qué ha querido contar Pedro Almodóvar en Los amantes pasajeros. La historia transcurre en un avión rumbo a México que por un problema en el tren de aterrizaje finalmente tiene que sobrevolar Toledo a la espera de aterrizar nuevamente en España. Este problema, que fue provocado por los personajes interpretados por Penélope Cruz y Antonio Banderas en una aparición fugaz, se agranda gracias a las extravagantes vicisitudes de unos pasajeros cuyos roles no trascienden más allá de la mera pose banal.

 

Actores bien conocidos en las pantallas españolas se pasean sin un fin concreto en una coreografía decadente, vulgar y superficial que aburrirá hasta los más acérrimos seguidores del director manchego. El lenguaje y las actitudes pretendidamente transgresoras se convierten en pura frivolidad al no llegar a ninguna parte, ya que las conversaciones que nos introducen a la vida personal de los pasajeros (los de primera clase, claro) carecen de ningún interés. El habitual panorama almodovariano con su festividad, lujuria y banalidad que combina las drogas, el alcohol y el sexo choca de lleno con la falta de un cometido que aporte un mínimo de inquietud, interés o incluso diversión, ya que supuestamente estamos ante una película cómica. Lo único que se salva es la elección de las canciones que saben cuándo aparecer y de qué manera. El problema del último Almodóvar no es la construcción del discurso cinematográfico, es la falta de ideas y de seriedad (por muy comedia que sea) a la hora de conectar con el público y de ofrecer un poco de cordura, sobre todo en los tiempos que corren, para poder empatizar con la obra y para satisfacer mínimamente a los fieles seguidores que deciden gastar un dineral en asistir al cine. La supuesta crítica social se ríe del propio creador y su discurso sexual (tirando a escatológico), y esa manera de ensalzar la homosexualidad y la bisexualidad de manera fútil lo convierte en mero espectáculo irreal e insultante. La vuelta a la comedia de Almodóvar fracasa estrepitosamente pese a que fuera de las dos dimensiones de la pantalla el espectáculo de nuestra realidad continúe.

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