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Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

El contraplano ausente

Soy tuya y no soy tuya”, le dice Samantha a Theodore en una ocasión. Él es una solitaria y sensible persona que exterioriza en forma de cartas de amor el afecto que no es capaz de compartir con los demás. Samantha no es una mujer, es un sistema operativo cuya dulce voz (de Scarlett Johansson en uno de sus mejores papeles pese a carecer de presencia física) da la clave de Her, una compleja película dirigida por Spike Jonze. En uno de los episodios de la serie británica Black Mirror una mujer podía volver a contactar con su marido fallecido gracias a un nuevo dispositivo informático que reconstruía su personalidad (voz, expresiones e incluso cuerpo) a través de los registros dejados por él en internet. En Her también se explora ese futuro incierto, basado en la más certera contemporaneidad, al profundizar en la eficacia de las nuevas tecnologías y sus actualizadas formas de dominio. Spike Jonze lleva más allá la idea de su cortometraje I’m here para indagar en la soledad de una persona y al mismo tiempo de todas ellas. Implacable una vez más en su interpretación, Joaquin Phoenix provoca una ternura inusitada (a excepción de su papel en The master) para dar vida a este hombre que sigue la moda retro de su época, que se adapta a los nuevos tiempos y sus renovadas propuestas de sociabilización.

 

Con una crítica más sutil que la serie televisiva creada por Charlie Brooker, pero no con menos reflexión y compromiso, Jonze consigue elaborar una heterogénea película llena de matices y aristas por las que divagar. Tan compleja como el propio film es Samantha, pues razona, reflexiona y se implica emocionalmente de la forma más humana posible. Pero he aquí la bella paradoja: pese a que Jonze no dispone del contraplano de Samantha para tratar de expresar ese afecto correspondido y la magia de los enamorados, gracias al trabajo de la voz, el sonido, en ocasiones el ojo de una cámara y sobretodo a la sólida construcción de su personalidad, consigue evocar de manera eficaz la figura intangible de este peculiar sistema de última generación. Her respira genialidad en cada secuencia, cuestiona la realidad en la que vivimos, aspira a la grandilocuencia desde los elementos más reconocibles, trabaja estupendamente el uso del sonido y por ello recrea una persona que se diría de carne y hueso, tan vívida para Theodore como probablemente para el espectador. “Soy tuya y no soy tuya” son palabras pesadas y llenas de sentido que convierten la ausencia de contraplano en una desgarradora y tierna historia.

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