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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

El arte de remover conciencias

El arte no es un espejo para reflejar el mundo, sino un martillo para darle forma”, es la cita con la que da comienzo el documental Pussy Riot: una plegaria punk, que llega a nuestras pantallas un año después de ser presentado en Sundance. El espectador podrá observar, entonces, que ha sido actualizado para dar cuenta de las últimas noticias: la puesta en libertad hace poco más de un mes de las dos integrantes del grupo que aún permanecían en la cárcel. La producción de esta película y su rápida distribución continúa la senda abierta por el apoyo internacional que han recibido las Pussy Riot. En una época en la que no hay fronteras espaciotemporales en la información, que todo es compartido en Twitter, grabado por móviles, retransmitido a tiempo real en los medios de comunicación de todo el mundo… no es posible demorar el mensaje de apoyo y reivindicación como el que este documental quiere potenciar.

 

Esa actualidad en los acontecimientos que todos recordamos y hemos visto en televisión, aunque sea breve y fragmentariamente, es lo que mantiene el interés en el proceso de creación y encarcelamiento de este grupo punk. Porque el film, dirigido por Mike Lerner y Maxim Pozdorovkin, no esconde su intención tanto analítica como contestataria. A través de imágenes de baja calidad de las actuaciones del grupo en diferentes puntos de Moscú (especialmente en el interior de la catedral, lo que les causó el arresto), entrevistas a familiares o el seguimiento del juicio hasta su resolución con la condena a dos años de prisión, el relato ofrece una amplia panorámica que aclara y complementa esa información insuficiente del espectador internacional. Partidarios y detractores, muestras de apoyo y también animadversión se dan cita en el mismo plano, en la misma sociedad rusa que muestra su lado más conservador, cuyas raíces se hunden en la tradición y la intocable Iglesia ortodoxa, y cuyos síntomas se perciben en un sentido de la justicia desmedido y opresor. Y ahí es donde surge el espíritu rebelde de las Pussy Riot, sus reivindicaciones políticas y feministas, el arte, la música, las performances, para remover conciencias. Si besar a policías mujeres y grabarlo en vídeo no es suficiente (Nadezhda Tolokonnikova y sus interesantes actuaciones), las chicas bajo ropas de colores ácidos son presentadas como personas con un pasado, una historia, con conocimientos y cultura, y no como vulgares exhibicionistas y enemigas de la religión, como son vistas por algunas personas. La historia de este peculiar grupo de música punk consigue llevar a la reflexión, animar el espíritu inconformista y el hálito de justicia tan necesario en nuestros días, cuyo apoyo tanto dentro como fuera de Rusia se convierte en una emocionante puesta en escena. No podría acabar de otro modo sino con una frase de Nadezhda: “Venid a saborear la libertad con nosotras”.

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