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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Canciones para la taquilla

John Carney, conocedor del impacto que puede suponer escuchar una buena canción en el momento adecuado, proyecta en una de las escenas de Begin again la magia del instante único e irrepetible (tan único que lo vemos tres veces). Lo hizo unos cuantos años atrás en la película independiente Once, de la que esta nueva película puede parecer un buen truco para imitar el sendero hacia la gloria. Lo parezca o no, a Begin again no le sobra nada para conseguir enamorar al espectador, desde la atmósfera de positividad y superación al humor alrededor del extravagante productor discográfico al que da vida Mark Ruffalo. Carney vuelve a contar con un cantante de éxito (Adam Levine) para poner voz y rostro a uno de los dos músicos de la película. Por su parte, Keira Knightley interpreta a una compositora amateur que tiene que pasar algunas dificultades antes de lanzarse al estrellato. Es inevitable hacer comparaciones con Once, pese a que las distancia ampliamente el presupuesto, la publicidad y el casting, aunque también el guión más ambicioso de Begin again: mientras gana en tramas, calidad técnica, equipo y temas musicales, no se acerca ni de lejos al aura de autenticidad, frescura y credibilidad que envolvía a Once.

 

La escena en cuestión sitúa a Knightley sobre un escenario, tocando una canción sin mucho éxito ante un público distraído. Este momento sirve de elipsis en dos ocasiones: primero para contarnos la historia de Dan (Ruffalo), que llega en estado de embriaguez a un local de conciertos después de haber perdido su trabajo en una discográfica y de no ser capaz de arreglar la relación con su mujer y su hija; y la historia de Gretta (Knightley), abandonada por su novio en el momento en que éste (Levine) se convierte en una estrella musical. La mezcla de relaciones familiares, profesionales y sentimentales, unidas a una banda sonora que no huye del sentimentalismo y a un guión que sabe explotar los momentos más emotivos, llevan a Begin again a repetir en cierto modo un mismo esquema, pero rehuyendo de la etiqueta de remake. Pretende ser una comedia musical sensible a los tiempos que corren por su aproximación al actual funcionamiento de la industria musical y el guiño hacia la producción independiente, aunque para ello sacrifica esa búsqueda del arte por el arte pese a lo que opine el público, para ofrecer, precisamente, un producto adaptado a la taquilla. No obstante, un buen trabajo de base, tan sólido como en Once, consigue con creces su disfrute.