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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Camino a la madurez

Io e te detail

Lo que parece ser una semana solitaria y aburrida, para matar el tiempo mientras el resto de chicos de la escuela se divierten y comparten sus vivencias de juventud, no es más que la excusa para narrar una historia intimista acerca de Lorenzo y Olivia, ambos hijos del mismo padre. Lorenzo se cruza con su hermanastra Olivia y con todo lo que ello supone: conocer más a fondo su pasado y el de su familia y aprender un poco más sobre cómo afrontar su propia vida. Lorenzo es un chico de catorce años, observador, solitario, el rarito de la clase que prefiere pasar la Semana Blanca encerrado en un desván de su edificio a esquiar en la nieve con sus compañeros de clase. Le gusta evadirse en su mundo interior escuchando en sus cascos música rock actual. El uso de la música es importante en la película, como factor emocional que acompaña al joven, y cuyo culmen se encuentra en el baile con su hermanastra bajo el ritmo de David Bowie. Ese aislamiento también le convierte en buen narrador de historias, incluso para mentir a su madre.

 

El experimentado director italiano Bernardo Bertolucci narra en Io e te (Tú y yo) una historia nada grandilocuente como en la exitosa El último emperador, ni pasional como El último tango en París. Presentada en Cannes, aunque no participó en la sección oficial, Io e te es, por el contrario, una historia sencilla, de pocos recursos, que nos habla del descubrimiento de la vida moderna a través de los ojos de un adolescente introspectivo y con problemas familiares. Venida como su alter ego, Olivia, drogadicta y cuyos problemas familiares ha padecido más tiempo y más intensamente que Lorenzo, le otorga compañía y un seguro empujón para crecer como persona. Interesante es la explicación del proyecto artístico de Olivia, casi otorgando un cariz teórico al film, pues en sus fotografías, como ella explica, se encuentra en el muro, no en uno u otro lado donde se puede juzgar, sino allí donde, curiosamente, como en su propia vida, se padece, se sufre (en esa indiferencia que ahora rechaza), y de donde tiene que escapar por sus propios medios. Toda una invitación a buscar nuestras propias respuestas.

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