Silueta juliocesar original

A mí que me registren

Julio César Izquierdo

¡Vaya tropa!

Verano tormentoso, en el que prolifera el turismo de "a costa", porque el asueto no se puede estirar ni en playas lejanas ni en valles cercanos. Es lo que hay. Resignación. Paciencia. Debemos confiar.

Ellos predican con el ejemplo. Todos. Por ello debemos de estar tranquilos. Sí. Nada como escuchar la radio matinal, con sus tertulianos e invitados. Nada tan refrescante como abrir las páginas de nacional de cualquier diario. Te quedas renovado por dentro y por fuera. No tenemos motivos para la preocupación. Parece que se ve una luz al final del túnel. Se atisba algo, el fogonazo leve de un mechero malo, una vela que quiere brillar en todo su esplendor. Vuelve a mirar, que sí, que está ahí, hombre de poca fe.

 

Qué bien te quedas, confiando en los padres y las madres salvadoras de nuestro futuro incierto. Te metes en la cama sin dolores, sin comedura de tarro, a sabiendas de que mañana será otro día de pandereta, uno menos para el final de la crisis ¿económica?, ¿moral?, ¿ética?

 

Es estupendo, por supuesto, vivir sabiendo que otros se ocupan de nosotros, que se dejan el alma por nuestro bienestar. Fabuloso lo mires por donde lo mires, porque, como personas inteligentes que somos, vemos que tenemos recambio, que hay alternativa, que tenemos otro once titular si fuera necesario para seguir tirando del carro. Y quieras que no, te entra un repelús tontuno que te recorre las carnes. Claro, como diciendo, ¡¡buahh!! no puede ser posible que tengamos tanta cantera…

 

Nada, nada. Seamos complacientes, cantemos aleluyas y marzas sabineras. Quietos todos, sentados, esperando el renacer de un nuevo horizonte. Nosotros sin mover ficha, a seguir ocupándonos del día a día, del trabajo, de saldar la hipoteca, vamos, lo de siempre… pagar nuestros impuestos como ciudadanos de bien, cumpliendo con todas las leyes existentes. Pero lo dicho, tenemos espejos en los que mirarnos. Maestros que nos guían, que nos enseñan, que nos aconsejan. Por lo tanto, a vivir y a saborear el verano con sus fiestas y saraos, relajando el espinazo en las terrazas con el corto de cerveza. ¡Así se construye! Confianza plena en los de arriba. Es lo que queda. Que abajo está el precipicio y el común de los mortales. Al disfrute y a tomar nota de las ironías.

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