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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

¿Sentimiento de comunidad autónoma?

Muy pronto llegará la fiesta de la Comunidad, una, con fecha marcada en el calendario y que sigue sin conseguir la unidad deseada.

El personal prefiere perderse en el circunloquio y en el mareo permanente de la perdiz, alegando cada cual sus razones de base histórica o recriminándose cuestiones que poco tienen que ver con el sentimiento de pertenencia.

 

Y ése tenía que ser el objetivo y la preocupación. Inculcar al personal que para ser ciudadano del mundo primero se tiene que ser, por lógica, de algún sitio en concreto. Otro cantar es que uno lo vea con más o con menos pasión.

 

Pero como nunca se cultivó pues pasa lo que pasa, que muchas de nuestras raíces, tradiciones, costumbres y formas de vida, en vez de ser ponderadas, se han visto condenadas al ostracismo. Pues muy bien.

 

Una región, la de Castilla y León, extensa, amplia, diversa, con muchas realidades dentro de su geografía, con sensibilidades y pulsiones todavía no resueltas, donde prima más el sentido provincial o local que el autonómico. Una asignatura, claro está, pendiente por parte de todos. Pero no se vayan a creer, que en todas las partes cuecen habas.

 

El caso es que ya tenemos el 23 de abril a la vuelta de la esquina y este año, comicios mandan, el monolito tendrá que escuchar absolutamente de todo. Algunos tendrán que ir pronto, como con prisa y no debieran. Todo lo contrario, tenían que estar más presentes, que por algo representan a la mayoría.

 

Otros harán el paseíllo, soltarán su arenga y no se les volverá a ver el pelo. Los de a mitad de camino se estrenarán en las lides y, más de uno sonarán, porque ya estuvieron, pero ahora han cambiado de camiseta.

 

A todo esto, silbarán las dulzainas y las alusiones comuneras, sin dejar de lado las argumentaciones de la despoblación rural, los jóvenes que se marchan a otras regiones o países, el abandono de cuestiones de primer orden…

 

En realidad, nada que no se escuche siempre, aunque ahora, probablemente, las voces tendrán más volumen y altavoz.

 

Sea como fuere, el mayor porcentaje de los asistentes a Villalar lo vivirán como lo que es: una romería laica, de hermandad y convivencia, de bailar al son de nuestra música, aunque no falten lemas y manifestaciones.

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