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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Muy estabilizados, gracias

Se deja ver el tiempo en lo rural, sobre todo en verano, cuando las terrazas se visualizan en tres dimensiones y el trasiego de remolques se torna soniquete matinal de campanas avisadoras de movimiento y vida.

Sí. Porque el estío es para las bicicletas y el chapuzón piscinero, económica diversión que viene a ser como la playa que tenemos todos en la vecina Cantabria, salida natural al mar de Castilla.

 

Tiempo para ver pasar el tiempo, de bermudas paseantes imposibles y asilas al viento llegadas de todas la periferias.

 

Es la calor del interior, que te regala un moreno de barbecho y cierzo seco, envidia de propios y extraños. Canícula de templetes y banderitas de colores, de cultura apretada por mandato institucional, pues ahora es cuando todo funciona y todo resulta.

 

Es la felicidad del agostero, llenando la panera de sueños prudentes, efímeros en el octubre cercano, cuando todo se convierte en espejismo literal y lateral.

 

Por fortuna, no tardando, los pueblos del alfoz de la capital, de la nuestra y otras tantas, redibujarán otro mapa que nos dicen - de momento sólo sobre el ordenador- será beneficioso para todos: la retroalimentación urbana-rural que siempre habíamos anhelado.

 

Sí. La leche y el cola-cao en perfecta comunión. Así es, llegan las áreas estables, algo así como la versión de las mancomunidades de municipios que jamás funcionaron. Ahora es otra cosa mariposa. Mientras tanto, vengan las parrillas a las plazas y los mercados a las calles. Suenen danzas y pitos, algarabías y chanzas.

 

Es el subidón del momento, que nos permite ir asimilando ordenaciones del territorio, buenas como el pan candeal, entendibles desde el primer párrafo, comprometidas con la causa, impuestas si no hay consenso.

 

Pero viene dando lo mismo, porque al final esperaremos para entenderlo, cuando ya no quede más remedio y las preguntas sobren. No hay miedo. Ya lo pensaremos mañana, porque si el Señor vio que era bueno, quiénes somos nosotros para dudar. Hasta entonces, oxigenen balcones para que entre la brisa a borbotones, sintiendo el corretear de la chavalería y el cascamiento masivo de pipas y paseos.

 

Amigos, estemos en forma hasta septiembre, que el otoño será suave y al invierno, como siempre, no se lo comerá el lobo. 

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