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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

¿Halloween en Castilla?

Cada año es peor. Ni la crisis puede con ello. Así es, ya lo saben. Un año más hablo del Halloween de las pelotas.

Es el precio de aprender inglés en los colegios, que trae consigo la absorción de las costumbres de los hijos de la Gran Bretaña. Que digo yo que se puede ejercer la lengua de la Reina Madre y jugar a la petanca, valga el caso. Bueno, será un ejercicio práctico que se viene llamando... o actividad extraescolar.

 

Invento invasor al que se suman con inteligencia las tiendas, que a fin de cuentas si alquilan cuatro trajes de muertos vivientes pues mejor que mejor. Difícil sería que vendiesen uno de jotera. Pero lo peor es cuando sueltan a los zagales por las calles para que te agobien con un estudiado "truco o trato". ¡Coño que llaman a la puerta y todo! Resulta increíble, sobre todo cuando llevamos años intentando rescatar los carnavales propios y no se ha conseguido ni a base de subvenciones.

 

Me dirán que el asunto es fruto de los nuevos tiempos, que son costumbres que se mezclan con las nuestras y que tal día se quedó. Pues no señor. Estaría conforme si además de aprender lo de fuera tuvieran un conocimiento del medio en el que viven, que la mayoría de las tradiciones castellanas están sufriendo el tamiz de lo políticamente correcto. Vaya, que nos las estamos cargando, edulcorando o evaporizando. Como prefieran. ¿Conocer las demás culturas? Siempre, por supuesto. ¿Respetarlas? En todo momento.

 

No obstante, se dan obsesiones inconscientes que persiguen la eterna juventud, la ocultación del dolor y de la enfermedad y, sobre todo, la desaparición velada en nuestras vidas de la inevitable muerte a la que todos estamos sujetos. Sí. Porque en el Día de Todos los Santos recordamos a nuestros difuntos. Con flores e incluso con oraciones. Es lo que aportan unos pagos serenos, recios, austeros y llenos de grandes virtudes. Siendo así, sabiéndolo y reconociéndose, satisfagan los chiguitos su apetito de calabazas y caramelos. Aunque complicado lo tienen, sobre todo cuando se entera uno que en los colegios se ha cambiado hasta el cuento de Caperucita Roja. Como lo oyen. El lobo debe estar sin dientes o se ha vuelto vegetariano porque no se come a la abuela. Es para evitar traumas infantiles.

 

Lo malo será cuando se encuentren con los lobos de la vida. Mientras tanto, lean con ironía el presente artículo. No va más allá.

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