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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

FOLCLORE CON BUENOS PALOS

Se ha hablado mucho del encuentro de danzantes celebrado en Palencia capital. Eso quiere decir que había ganas, que los convecinos estaban deseando ver a sus cuadrillas bailando y desfilando por la calle principal de la ciudad

Una tarea y objetivo en el que llevaban trabajando mucho tiempo los componentes y colaboradores de la Coordinadora de Danzantes, empeñados, con razón, en dar visibilidad a un patrimonio inmaterial que pocas veces cruza la frontera de lo local, aunque también es cierto que en los últimos tiempos los grupos de paloteo llevan su folclore a otros muchos rincones de la región y el país.

 

Una cita que esperamos tenga continuidad en el futuro, poniéndose sobre la mesa otras iniciativas paralelas que permitan dar realce a nuestro folclore, aunque también es verdad que hace décadas ya existieron agrupaciones que pelearon por el mantenimiento y difusión del baile con palos, logrando buenos resultados.

 

Hoy, según nos cuentan los artífices, todos van de la mano, haciendo valer lo de la unión hace la fuerza, por lo que los resultados positivos serán visibles a corto y medio plazo. Y tarea no les faltará, porque todos sabemos que cuesta mucho mantener los grupos, bien sea por falta de recursos humanos, porque estamos ocupados en otros menesteres o simplemente porque no se valora en su justa medida.

 

Pero por fortuna, los que están son incombustibles y están consiguiendo que los jóvenes se suban al carro de la danza y de los palos.  

 

Folclore que debe contar con el respaldo de todos, vecinos, asociaciones e instituciones varias. Solo así conseguiremos cumplir 400 años más y los que sean menester. Pero como digo hay tela por cortar, pues todavía queda personal en nuestra propia comunidad que desconoce su existencia . Y lo que no se conoce no se puede valorar y mucho menos se puede luchar por su permanencia el día de mañana.

 

Danzantes y guías, palos y panzas, dulzainas y cajas, trenzados de árbol, botargas y galletas, birrias, calles, lazos y cintas. Todo un lenguaje, toda una asignatura vital de lo que fuimos.

 

No es nada exótico, es lo de casa, para sorpresa de pocos y alegría de muchos.

 

Desde aquí, también, homenaje a todos los que durante generaciones lo han seguido manteniendo en su pueblo. ¡Aire! 

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