Silueta juliocesar original

A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Episto - Lares

Por si acaso no te mandan cartas estas navidades, aquí tienes una para cortar y pegar.

Lo digo porque el amor fraternal se reenviará como churros a través de las redes sociales, lugar donde tirar la caña para pescar de todo menos lo que esperas. Mensajes a mogollón que lo mismo servirán para un roto que un descosido y, en el mejor de los casos, resultará hasta reconfortante un mensaje del móvil, sí de los de antes. Y si recibes una llamada es que juegas en primera división y, si te lo dicen en persona, pues viva la Pepa.

 

Que ya se sabe que, con la cosa de la crisis, tapamos todas la faltas posibles y quedamos bien a base de lanzar un chiste con políticos vestidos de Santa Claus o una reflexión mítica copiada de una web al uso y especializada en la materia. De un bolazo, lo lanzas por grupos porque hoy es Noche Buena y mañana ya se verá. Claro hombre, que se trata de un sistema rápido, indoloro y económico, que lo mismo apaña al compañero de la EGB que al butanero quincenal. Y todos tan felices y Santas Pascuas, que es de lo que se trata.

 

Mientras tanto, pues días faltan, soñaremos con cantar el gordo en la Pedraza segoviana imitando a Bustamente, anuncio triunfante por sus críticas pero que nos hubiera gustado se rodase en tierras palentinas, que para eso tenemos escenarios de cine y excelente materia prima.

 

Hasta entonces, nos sacaremos las bolas - las del Árbol- y colgaremos "noeles" en los balcones (colgados de trepar, digo), encenderán luces en las plazas y aparecerán portales de Belén que pugnarán por permanecer ante nuevas costumbres. Hay que ser modernos y renovadores. Faltaría más.

 

Y llegado el momento, a saber, en el buzón, puede que lleguen postales de papel solidario, escritas de puño y letra (con la mano, vaya), mezcladas con las del banco y la factura de la eléctrica para que te pienses si merece la pena iluminar el Pesebre o que se mantenga con un candil.

 

Por fortuna, como consuelo perenne, quedarán los abrazos sinceros y los deseos de paz y prosperidad, tan livianos como efímeros, tan necesarios como medidos, tan recurrentes como anuales.

 

Así es, ya se sabe, superados los puentes, tenderemos otros que nos llevarán al calor del hogar y al ensimismamiento social. Es lo que es.

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