Silueta juliocesar original

A mí que me registren

Julio César Izquierdo

El Tiempo No Pasa

El tiempo no pasa. Y tenía razón el maestro. Somos nosotros los que ocupamos el espacio de un tiempo que siempre es el mismo.

Vamos y venimos y, mientras tanto, en la mejor de las suertes, envejecemos. Pero el tiempo sigue ahí, inmóvil, riéndose de nuestros relojes, de nuestras agendas, de las prisas, de los plazos, de los objetivos y de los calendarios.

 

Y nada ocurre a la ligera en el escenario que nos toca en el reparto. Somos, nada más, que actores improvisados con un guión que se escribe al son que tocan músicos diferentes, con sonidos que se perciben de manera ocurrente en función del oído que quiera escuchar.

 

Uno se puede volver loco luchando contra lo evidente, peleando contra el destino, intentando escribir su propia vida, perdiendo la misma en el intento en vez de vivirla. Pero el tiempo, claro que sí, permanece, se mantiene eternamente joven para que otros, todos los demás, puedan seguir sujetos a la existencia del tic-tac.

 

El desgaste, por tanto, es el propio, pues las variables de la naturaleza, tan estudiadas como reconocidas, seguirán su trayecto en paralelo, escudriñando de reojo, diciéndote que te mires en el espejo y que seas consciente de lo efímero de tus preocupaciones: nadar y nadar…

 

Así pues, querido maestro, no tengo más remedio que darle toda la razón, que parece meridiano que lo vital es dar prioridad a lo que realmente importa, dejando a un lado lo vacío, marchando ligero de equipaje, soñando siempre, calculando en todo momento y sabiendo que la barca está para navegar y el camino para ser resuelto. Que somos nosotros los que perdemos el tiempo mientras intentamos descifrar sus claves, a sabiendas de que nunca daremos con la resolución del problema.

 

Reflexión de la que tomo buena nota en mi cuaderno de bitácora, pensando en el presente que se nos marcha como un pasado no pactado. Que cada segundo que se diluye es una fuerza sin retorno si no hemos sido capaces de exprimirle todo el jugo. Por lo tanto, puestos a filosofar, me mantendré firme en el muro que mide la luz y la oscuridad.

 

Pero ahora, como mortal que siempre tropieza en la misma piedra, no tengo más remedio que consultar mis anotaciones para saber si llego tarde o pronto.

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