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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Al agua patos

Me comentaba un alcalde que las piscinas de los pueblos casi son rentables, quizás porque se trata de un ocio estupendo a precio módico, tal vez porque hay gente en lo rural que no se marcha de vacaciones o porque muchos veranean de nuevo en la patria chica.

Y ha tenido que llegar la crisis para que el personal se anime a utilizar unas infraestructuras que hasta hace bien poco daban pérdidas por los cuatro costados, sin contar los arreglos y mejoras que hay que llevar casi todas las temporadas.

 

Está claro: la piscina llena nuestro ocio a la solana castellana, al tiempo que se ejecutan cursillos de natación y gimnasias aeróbicas con cargo a los fondos provinciales. Bienvenidas sean pues las aguas estancadas de nuestro mar interior, para que todos luzcamos morenos de páramo y meseta, recordando, claro, que tampoco conviene tostarse como los cangrejos… que luego te tropiezas con cuerpos serranos  que parece que se han metido en la tostadora.

 

Por lo tanto, agua patos, que el verano puede ser efímero a las primeras de agosto, que vistos los recortes, el estío puede consumirse en un par de semanas y si te he visto no me acuerdo.

 

Pero como digo, las piscinas, con promociones y precios especiales para niños y empadronados, seguirán siendo la gran oferta de nuestros ayuntamientos, que buscarán los ajustes por otros lares. Y ése no gasto se está haciendo visible en muchas de las fiestas patronales que ya se están celebrando por nuestra geografía provincial y regional. Alegan que no hay recursos económicos y que se está haciendo un gran esfuerzo.

 

En muchos casos, tendencia al alza, se están suprimiendo festejos taurinos y desapareciendo los conciertos y conciertillos de primera y segunda división. Ahora todo es participación vecinal, grupos de la tierra y mucha, mucha imaginación. Confianza plena en nuestras gentes y nuestros valores. Lo cual tampoco está mal y habrá que priorizar necesidades, que primero están otras cosas que la jarana por decreto durante cinco días. 

 

No obstante, los moradores de lo rural bien se merecen festejos a la altura de las circunstancias, que por norma son compartidos con hijos del pueblo, forasteros y turistas. A fin de cuentas, por aquí siempre hubo mucha crisis.

  

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