Silueta original

35 mm

Boris García

Jodorowsky´s Dune

Dune detail

Entre los restos de la resaca que el cine de ciencia ficción dejó en la orilla del 2014 no es Interstellar, aunque parezca evidente, el más brillante de ellos, sino el modesto documental de Frank Pavich sobre la truncada gestación del que iba a ser el film del género más grande de todos los tiempos: Dune, de Jodorowsky.

¿Se imaginan una película de dieciséis horas protagonizada por Mick Jagger, David Carradine, Salvador Dalí (y un molde articulado de su cabeza), junto a Orson Wells como gigantesca fuerza de la naturaleza? ¿Con un equipo creativo que posteriormente robara Hollywood para la seminal Alien encabezado por Moebius, Giger y O'Bannon? ¿Con una banda sonora a cargo de Magma y Pink Floyd?

 

La película nacida como el profeta que cambiase las mentes jóvenes de todo el mundo, como el llegar de un Dios, Dios artístico, cinematográfico. Quería crear algo sagrado, libre, con nuevas perspectivas, ¡Abrir la mente!

 

Alejandro Jodorowsky, el lisérgico Da Vinci del siglo XX –difícil es encontrar a un creador que haya tocado más palos artísticos que el genio chileno, desde las marionetas a la psicomagia, pasando por el teatro experimental, el cómic o la literatura, por poner tan sólo unos ejemplos- llegó a la dirección cinematográfica en 1967 con la controvertida Fando y Lis. Dos películas más –El Topo (1970) y La montaña sagrada (1973)- le bastaron para dinamitar los cimientos del cine underground con su particular universo surrealista y llamar la atención del productor francés Michel Seydoux, quien le ofreció la creación de un nuevo proyecto:  Quiero producirte lo que sea, ¿qué quieres hacer? Dije Dune y  él dijo sí. No sé por qué dije Dune, podría haber dicho Don Quijote, podría haber dicho Hamlet, no lo sé. Dije Dune.

 

El documental  narra la epopeya de la preproducción de la película, del reclutamiento y el trabajo de su equipo de guerreros espirituales, del truncado ofrecimiento a Hollywood, con el testimonio directo de la mayoría de ellos y del propio director. Soberbio en su propia sencillez, se construye a través del entusiasmo nostálgico  de sus palabras y de las imágenes del story board que no llegaron a plasmarse en el celuloide, pero que se erigieron como un libro mítico de la crónica del cine, en el Antiguo Testamento de la ciencia ficción moderna.

 

Tras la gesta –un volumen tan inabarcable como fascinante  que hubiera necesitado de un metraje de más de diez horas- vino el contacto con los grandes estudios y la lucha, como no podía ser de otra manera, perdida de antemano, por domesticar a la fantástica bestia. En palabras del director Nicolas Winding Refn: no se hizo esta película en Norteamérica porque estaban asustados de él, de su imaginación, de su mente, de lo que les haría.

 

Y el resto, es historia. La evidente, la participación de muchos de los nombres que firmaron el proyecto en películas clave, sin las que no podría entenderse todo lo posterior, como la citada Alien o Blade Runner. Y la apócrifa, aunque más que probable, que supone que la muerte de Jodorowsky´s Dune supuso una dispersión de influencias cinematográficas no reconocidas.

 

El viejo Jodo quiso transformar el mundo y no lo consiguió. Pero el legado de la película que nunca fue cambió el rumbo del cine para siempre.

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