Silueta original

35 mm

Boris García

Del papel al celuloide. Las mejores adaptaciones cinematográficas de cómics (3)

The crow 1994 detail

El cuervo, Alex Proyas, 1994

 

El director australiano debutó en la dirección de un largometraje en 1994 con la célebre adaptación cinematográfica de la serie de cómics de James O´Barr. La historia, ya saben, la del retorno expiatorio desde el cementerio del rockero Eric Draven, brutalmente asesinado junto a su esposa, con la ayuda de un cuervo sobrenatural que le confiere poderes de ultratumba.

Aunque, en mi opinión, lastrada por un guión demasiado simple –no deja de ser una historia lineal de venganza con unos malutos de turno apenas esbozados – y por las irremediables concesiones  a la moñería –gótica, eso sí-, son muchas las virtudes que catapultaron al film de Proyas hasta la categoría de obra de culto, degustada con fervor por muchos de  los que éramos jóvenes en aquellos mediados de los años 90.

 

El realizador consiguió plasmar con fuerza la oscura ambientación del cómic, con todos los elementos estéticos de la película apuntando en la misma dirección, entre los que destaca la fotografía, clave a la hora de recrear un Detroit aún más violento y oscuro que el real, si cabe, incendiado en la Noche del diablo.

 

Pero, más que por sus virtudes, el film pasó a la posteridad por la muerte durante el rodaje del protagonista, Brandon Lee, el hijo del mítico y también malogrado Bruce Lee, en circunstancias extrañas –una bala de munición real que debía de ser de fogueo, al parecer-, siguiendo con la maldición familiar que alimentó –y sigue alimentando aún hoy- no pocas teorías conspiranoicas.

 

Una historia de violencia, David Cronenberg, 2005

 

David Cronenberg se adueñó de la historia de la novela gráfica de John Wagner y Vincent Locke para recrear de manera magistral -como casi siempre- las obsesiones que le han perseguido en su nada ortodoxa carrera como director.

 

A través del personaje de Tom Stall, encarnado por un brutal –nunca mejor dicho-  Viggo Mortensen y por el enfrentamiento de éste con un pasado olvidado, el canadiense volvió  a escarbar en los laberintos de la personalidad, lejos esta vez de los parámetros del género fantástico.

 

Una historia de violencia es un thriller atípico, que se pasa por el forro la mayoría de los  clichés de las películas actuales de este género  y que transforma la agilidad del argumento y de la acción en justo lo contrario; en una violencia subterránea, en el conflicto de los personajes  por debajo de secuencias lentas y estáticas que estallan en el momento adecuado en la explicitud habitual del cineasta.

 

La película tuvo una continuación –en cuanto a la colaboración del director con  Mortensen y a su fondo y forma- en la también notable Promesas del este, formando una dupla de filmes que los fans del trabajo del canadiense –tan poco habitual, últimamente- estamos esperando como agua de mayo.

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