Silueta original

35 mm

Boris García

Alfredo Landa. Se van los mejores y nos quedamos el resto

Landa detail

Aunque sea una afirmación repetida casi hasta la saciedad en los últimos días no deja de ser la verdad; la muerte de Alfredo Landa es, prácticamente, el punto y  final del reciente e inevitable reguero de necrológicas de la vieja guardia del cine español.

El triste colofón de la mejor generación de cineastas del celuloide patrio, aquella nacida en los extraños días del Franquismo y madurada con la Transición y que, como hija de su tiempo, fue deudora de sus sombras, que se trocaron por las luces –las más brillantes- de la crítica social más o menos velada de nuestro género por excelencia, la comedia.

 

A pesar de ser algo más joven -debutó en la magnífica Atraco a las tres, de José María Forqué, en el 62-,  la carrera del pamplonica puede considerarse como un buen ejemplo de las andanzas cinematográficas de muchos de sus coetáneos. Los López Vázquez, Alexandre, Fernán Gómez y larga compañía que, salvando las distancias de sus respectivas filmografías personales, estuvieron siempre a caballo  entre las genialidades de Berlanga o Bardem, por ejemplo, y de la comedia de trazo grueso –o no tan grueso- del cine de barrio, es decir, del landismo y sus aledaños.

 

Y que, al igual que ellos, o esa sensación tengo, tuvo que esperar a los registros dramáticos de los 70 y 80 para un mayor reconocimiento en lo que crítica y premios se refiere, por el recurrente hecho de que parece más fácil hacer reír que llorar. Quién no recuerda a Paco el bajo, en Los santos inocentes, mirada baja y gorra temblorosa en las manos, hablándole al señorito del cortijo; papel que, a pachas con Francisco Rabal, le valió el merecido premio en el Festival de Cannes

 

Pero no pretenden ser estas líneas un repaso exhaustivo ni a su obra, ni a la edad dorada de nuestro cine, por desgracia ya perteneciente a los anales del XX; difícil tarea que dejo a los que saben. Simplemente, la muerte de Landa me removió un recuerdo de una película, de una escena en concreto y de una conversación entre muchas que ya no volveré a tener.

 

Es El Crack, de Garci, baluarte y único representante junto a su continuación, creo, del noir castizo; el remedo autóctono de la historia de detective en apuros, bajos fondos y mujeres fatales.

 

El lugar no es el refinado restaurante Los bailarines en Los Ángeles; es una tasca de estación de servicio de esas de grasa perenne en las paredes y camarero con bigotillo, en alguna carretera de las afueras de Madrid. El protagonista, sólo, claro, y al fondo de la barra, no bebe un gimlet, sino tinto de la casa, y no come un sándwich club, sino un filete con patatas. No mide metro ochenta ni es Marlowe, ni Mitchum, ni Bogart; es nuestro Landa, en la piel de Germán Areta, alias El Piojo, más bajito y feo pero con peor mala hostia. Los villanos de turno no visten traje italiano, son sólo quinquis de extrarradio, y hacen su número mientras el sigue, con el rostro como una piedra, cortando pacientemente la carne de su plato.

 

Pueden imaginarse el resto, sólo decir que el  desenlace se salda con las lapidarias Bareta, dame el mechero o te quemo los huevos y ¿Qué tienes de postre?

 

DE ANTOLOGÍA

 

Hace ya un tiempo, rememoraba con mi amigo Chuchi la secuencia en uno de aquellos interminables viernes noche al calor del bar y de las parejas de Veterano y caña -yo era el de la cerveza, siempre tuve un carácter algo menos ibérico- en las que hablábamos sólo de lo importante; de las mujeres que nunca tuvimos y de cine, la verdadera patria de los de las vidas vulgares, como solíamos decir pero con menos pedantería.

 

Ahora que ya no está ninguno de los dos, me queda el regusto de que los mejores tiempos, en lo personal y en lo estético, pertenecen ya al pasado. Y de que, aunque quizás ni yo ni el mundo seamos tan viejos como para el ubi sunt, creo que lo clásico murió con el siglo anterior y que hay muy pocas cosas mejores entre las que rebuscar en la pos-posmodernidad de ahora o dondequiera que estemos o se llame. Basta echar una ojeada a la cartelera de hoy mismo.

 

Resumiendo mucho; no puedo evitar pensar que se van los mejores y que nos quedamos el resto.

Comentarios

Miguel Ángel 20/05/2013 10:07 #1
Qué gran comentario sobre el inimitable Alfredo Landa, un actor único. Enhorabuena.

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